Cogí una mano y le robé sus dedos
para poder contar cuantos más trofeos
por ese cambio a mejor de reo
por ese negocio entre lucha y deseo.
Me acosté en un burdel de recuerdos
y dibujé en un papel un beso del pasado,
soñando, los años de cuando era niño,
el chaval que robaba miradas;
el chaval que otorgaba luz y cariño;
ese rufián desvergonzado,
ese humilde joven que despertaba guiños,
aquel que repudiaba cualquier desamparo.
El despertar trajo consigo
una profunda reflexión.
Me confirmaron mis latidos
que las piedras del camino
son base del pundonor
más grande apetecido.
Va por ti, papá, que sé que me lees
con entusiasmo y desparpajo.
Me quedó claro cuando dijiste
que a todo, se llega con trabajo.
Te lo voy a demostrar,
te lo digo, con lágrimas en los ojos.
Sé que no voy a fallar,
el enemigo, son todos mis despojos.
Confía en tu despavorido hijo.
Confía en el que seguirá tus pasos,
no los de senderos enojados,
sino los de arduo sacrificio,
los que permiten mi todo,
los que te dejan atado
para que yo viva tranquilo
para que tú vivas cansado.
Te pido perdón por todo el desorden. Por el de mi cuarto, y por el de mi vida en general. Como excusa, sólo puedo añadir que vivo como escribo, a veces me perdonan, a veces tengo que perdonar, lo mismo escribo a lo narrativo, que te suelto una soleá.
Acuérdate de este recóndito quehacer,
será gracias a éste
nuestro brindis de whisky irlandés.




2 apalancados:
OoOOOooOO que bonito jesuss ¡¡¡ =)
Gracias.
Un beso.
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